¿Fue Platón el primer Hacker? Una mirada filosófica al mundo de los piratas cibernéticosEn la novela Snow Crash, de Neil Stephenson, un virus informático amenaza simultáneamente programas de computador y cerebros biológicos. En el horizonte ficticio del autor es posible la macabra idea de morir infectado por el contagio del virus a través del nervio óptico.
Sólo un hacker, que se presenta así mismo como: “el último de los hackers independientes, el mejor espadachín del mundo, cazadatos, Corporación Central de Inteligencia, especialista en Intel sobre software (música películas, microcódigo)" puede salvar al mundo.
El apasionante relato de Stephenson se convirtió rápidamente en una novela de culto del denominado género Ciber Punk y puso sobre el tapete la imagen que el hacker ofrecía al mundo y el lugar que ocupaba en la cibersociedad.
¿Eran los hackers simplemente renegados y terroristas al decir de la escritora francesa Domique Nora, autora del libro La conquista del ciberespacio? o ¿podían poner sus habilidades y conocimientos en programación al servicio de causas que ellos consideraban nobles como aprender programación, desnudar las debilidades en la seguridad informática de instituciones y grandes corporaciones o exigir mayor democratización de la red? ¿Deberían, entonces, ser tomados por héroes románticos, “la conciencia de la red” como se catalogaron los realizadores del I Encuentro Internacional de Hackers en Colombia?
Para el filósofo Domingo Hernández, profesor de estética y teoría de las artes de la Universidad de Salamanca, recientemente invitado por la biblioteca Luís Ángel Arango al país, el mundo del “hactivismo”, entendido éste como el de los activistas políticos que usan herramientas hacker para protestar en Internet, sí podría ser tomado en principio como un movimiento “romántico”, pero no en la acepción positiva del término, sino más bien como “romanticón” o banal, “lleno de ruido, de autopromoción y espectáculo por las hazañas informáticas realizadas que, además, duran poco porque “cuando una web ministerial es “hackeada” en 10 segundos fortalece sus barreras de seguridad, y se consigue el efecto contrario de reforzar los sistemas de control”.
Así, la imagen del genio de la informática que, motivado por un impulso casi enfermizo de espiar e infiltrarse en cuanto sitio le de la oportunidad, por el solo deseo de mostrar sus capacidades y eventualmente dejar consignas políticas a favor del software libre, el código abierto o la ampliación de la banda ancha, es percibida cada vez menos como la de un solitario guerrero que, armado con sus habilidades y ordenador, desafía a los poderosos y más como un integrante de un romanticismo banal, que pasa por alto las implicaciones sociales de los eventos que pretenden denunciar, agregó Hernández.
¿Y Platón? Otra de las reflexiones que presentó el profesor Hernández sobre el mundo de los hackers y hactivistas hizo referencia a la cultura oral y a la importancia de platón en la cultura griega y occidental. ¿Por qué?
Según Hernández la cultural oral, preponderante en los tiempos de Platón, se basaba en la repetición rítmica de fórmulas, reglas e instrucciones que mantenían cohesionada a la sociedad ateniense en un estado hipnótico, en una mezcla de sonidos e imágenes que hacían de ésta una comunidad hedonista.
En otras palabras, esa tradición oral que comunica reglas e instrucciones lo hace a través de la música de las fórmulas poéticas que requieren de un ritmo y una métrica para que sean memorizadas. Con estas fórmulas memorizadas se cohesionaba la sociedad ateniense y a su vez se le mantenía hipnotizada y anestesiada, reflexionó Hernández.
Esta situación bien podría asemejarse a la de un sistema (la sociedad ateniense) en el que a través de un virus (los poemas orales con su ritmo y métrica para ser memorizados) se replica una situación (la hipnosis o la anestesia).
Tal estado de cosas fue interrumpido por un hacker (platón) al introducir la preponderancia y el valor de la escritura y la filosofía como instrumento privilegiado del pensamiento conceptual y de esta forma “desconfigurar” el programa basado en la cultura oral, propicio para la memoria, el hedonismo, el cuerpo y una situación anestesiante. “De cierta forma platón introdujo el “virus” de la razón que reconfiguró la sociedad ateniense, esto le costó a los poetas ser expulsados de su República, anotó Hernández.
Esto lo hizo platón al ser consciente de que eran los poetas de aquel entonces los encargados de replicar el virus anestesiante en la sociedad ateniense. Cabe anotar que el poeta de entonces era más un aedo (cantor de la antigüedad) que memorizaba fórmulas y cánticos, y no el poeta como creador de la escritura concebido en la actualidad.
Ahora bien, para Hernández, esta cultura funcional y hedonista ha retornado con la red y el ciberespacio, como cultura oral electrónica. Hoy, reflexiona el filósofo a propósito de la novela Snow Crash, en el artículo La cultura oral electrónica. Cuerpos, hackers y virus, todos somos susceptibles al atractivo de las ideas virales, como la histeria colectiva, o una tonada que se nos mete en la cabeza y que nos pasamos todo el día tarareando hasta que se la pasamos a otras personas. Los chistes. Las leyendas urbanas. Las religiones descabelladas. El fanatismo político. Por listos que seamos en lo más profundo siempre hay una parte irracional que nos convierte en anfitriones en potencia para la información autorreplicante”.
De esta manera la oralidad, que se sostenía sobre la memoria y el cuerpo y no sobre la mente, como en la Atenas de Platón, retorna como hedonismo, culto al cuerpo y embrujo a nuestro mundo contemporáneo. ¿Hará falta un nuevo hacker capaz de impedir que se repliquen como un virus la banalidad, el hedonismo y lo políticamente correcto en las sociedades actuales? Esa fue la pregunta que dejó Hernández.
Tomado de:
http://www.universia.net.co/noticias/noticiadeldia/fueplatonelprimerhackerunamiradafilosoficaalmundodelospiratasciberneticos2.html-----------------------------------------------------------------------------------
Una mirada filosofica.... ¿ke opinan ustedes?